Parece que los seres humanos somos expertos en hacernos ilusiones y en oscurecer la verdad, decía Semrad, aunque nos animaba a confiar en nuestras propias experiencias y continuaba diciendo que la mayor fuente de nuestro propio sufrimiento son la mentira que nos contamos a nosotros mismo, puede ser doloroso enfrentarse a la realidad… Parece que no queremos saber cuánto sufren los soldados en la batalla, cuántos niños sufren tocamientos y abusos sexuales en nuestra sociedad, ni cuántas parejas recurren a la violencia en algún momento durante su relación. Por el contrario queremos pensar en nuestra familia como un lugar seguro en un mundo desarmado y en nuestro país como un lugar habitado por gente tolerante y civilizada. Preferimos pensar que la crueldad sólo pasa en lugares lejanos al nuestro. Pues todos los sucesos que nos hacen sufrir a las personas nos predisponen, junto con otras circunstancias, a tomar en la vida un camino u otro, todo lo hacemos para soportar semejantes sufrimientos que encontramos en la vida. Desde la psicoterapia trabajamos para comprender semejantes sufrimientos y devolver vida a las personas, trabajando con proximidad a dicho sufrimiento que nos permita fortalecer la esencia de las personas y que puedan mostrarse al mundo sin sucedáneos que le impidan vivir plenamente.

Voy a hablar de las situaciones en las separaciones, divorcios son situaciones duras en las que la pareja, los hijos en general la familia entera sufre. Debemos atravesar diferentes etapas hasta que se pasa las fases del duelo en que todo cambio pues en la vida es inevitablemente hay que hacerlo hasta que las heridas emocionales cicatricen.

Aunque el divorcio sea consecuencia de un proceso de deterioro lento en la relación de pareja, hay que admitir que el momento de la decisión genera en la pareja una crisis emocional, en ambos miembros, aunque parezca que el miembro que lo propone, el que toma la decisión de separarse también queda atrapado en recuerdos de cuando todo estaba bien y el tiempo presente pero que no cabe rebobinar como si de una película se tratase y el tiempo presente en el que se está sufriendo y angustiado, desgarro y, no solo para la pareja sino para todos los miembros de la familia, los hijos y demás personas que rodean a la familia. La sensación de desprecio, rechazo que da sensación de victima… Desde el lugar de las quejas y acusaciones es fácil entrar en revanchas, deseo de venganza puede ponerse al rojo aunque el matrimonio está muerto, no hay cadáver sobre el que llorar, algo por terminar. Y aunque la separación sea de común acuerdo es inevitable perder la estructura familiar conocida hasta el momento. Nos vemos alterados en la cotidianidad y adentrados en un mundo en el que desconocemos sus códigos, entramos en zonas nuevas desconocidas, pues el matrimonio aunque no dé felicidad suele dar identidad y camino conocido. Tal vez sea eso que creemos que lo conocemos pero en realidad la vida es una constante dinámica y dialéctica interior. Y ese futuro desconocido nos genera ansiedad por todo lo que de nuevo se nos puede presentar, y aunque la experiencia pueda ser beneficiosa, lo que los miembros de la pareja sienten son, las pérdidas que se le presentan con la separación, se suelen fijar más en las complicaciones que en el alivio…

Los periodos de duelos en las separaciones suelen ser largos, van de cuatro a siete años. Hay que hacer lo posible por hacer un buen duelo pues va en beneficio de todos los miembros de la familia, sobre todo de los hijos que son los pasivos y que sufren todos los cambios e intercambios que haya entre los padres.

Cada cual sufre y nota los cambios a su manera, los que se quedan notaran el vacío, los que se marchan del domicilio familiar, extrañarán el nuevo lugar. Son muchos los sentimientos y emociones en el momento de la ruptura de pareja y aunque los meses pasen el duelo tarda en hacerse y el peligro es que la pareja se quede pegado a los reproches, culpas o resentimientos.

El duelo es importante para el reconocimiento y expresión de las propias emociones, asumir la responsabilidad compartida tanto en el placer como en el sufrimiento, y encontrar de esta forma las llaves para entrar en el nuevo camino de la propia vida.

Para facilitar y evitar tanto sufrimiento ofrecemos trabajar en grupo con personas separadas y divorciadas o en proceso de separación y divorcio.